Galbart

Galbart es el prototipo de héroe. Apuesto y valiente. Un combatiente feroz.

Description:

Galbart.jpgGalbart siempre fué un hombre justo. Pese a que en muchas ocasiones vió puestas en entredicho sus convicciones, se mantuvo recto en su camino. Por algunas circustancias, perdió casi toda la sensibilidad en su cuerpo, lo cual en muchas ocasionse le ha permitido aguantar castigos hasta límites insospechados.

Para él, unirse a la orden fué un camino lógico. En lo más profundo de su ser, desea salvar al mundo, aunque en ocasiones llegue incluso a plantearse si merece la pena ser salvado…

Bio:

Desde siempre fuiste un luchador. Naciste y creciste en un pequeño pueblo en Alberia. Casi toda la región es un enorme bosque. Una enorme extensión de terreno virgen esperando a ser descubierto.
Creciste como crecería cualquier chico de pueblo. Soñado con ser un caballero. Haciendo pillerías y pasando casi todo el tiempo o bien con tus amigos, o cuidando del rebaño de tu padre. La vida era sencilla y pacífica. Una buena vida. Sin embargo, poco antes de tu octavo cumpleaños todo cambió.

Estabas en casa, luchando por evitar comerte un enorme plato de verduras que tu madre insistía en que te tomaras cuando escuchaste como el cielo se partía en dos. No sabías muy bien que ocurría, hasta que el techo de la casa se venció. Era como si alguien hubiera bajado el sonido. Escuchabas gritos y rugidos. Fuego y oscuridad. Apenas pudiste ver entre las sombras el reflejo de un enorme reptil de escamas negras. Pensabas… que los dragones eran algo distinto.

No sabrías decir cuanto tiempo duró el ataque. Pasaste lo que dirías que fueron dias atrapado bajo la casa. Una viga había aplastado tu pierna, y no podías salir. Volviste a escuchar el batir de unas poderosas alas. Otra criatura había llegado a la escena. Viste como levantaba la casa, como si fuera un juguete, y justo antes de caer inconsciente otra vez, viste frente a frente a un dragón rojo.

Cuando despertaste estuviste a punto de caerte. Volabas sobre el lomo del dragón. Podías moverte bien, pese a la dificultad adicional del fuerte viento. Pasaste los siguientes años con Raelastratz, que te adiestro admirablemente bien, pese a las evidentes dificultades.

Te contó que había acudido en vuestra ayuda. Era el encargado de vigilaros, pero que había fallado y alguien había robado algo de vuestra aldea. Notaste como intentó quitarle importancia, pero no dijo nada más pese a todas tus preguntas.

Y un día, tal y como apareció, se fué. Despertaste solo en las cavernas donde vivíais. Buscando noticias sobre él, pasaste los siguientes años trabajando como mercenario. Te uniste a una cuadrilla de aventureros y viajabais buscando fortuna por Gaia.Era peligroso, y algunos cayeron en el camino, pero era un estilo de vida que te hacía sentir vivo.

El fin de esa etapa lo marcó vuestra última misión. Erradicar unos bandidos. Nada especial. Se habían adueñado de una aldea y habían tomado a sus habitantes como esclavos, así que se os prometió una jugosa recompensa por liberarlos. La cosa parecía ir bien, acabasteis con ellos y cuando estabais desatando a los aldeanos, se levantaron. Deberían estar muertos, pero algunos comenzaron a levantarse del suelo, aullando mientras sus cuerpos se retorcían. Poco a poco, tus compañeros fueron cayendo cuando llegaron los Templarios. Te salvaron, cosa que por desgracia no pudieron decir Reena y los demás.

Te uniste a la orden, como un soldado. Algún dia esperas llegar a ser un templario, pero por le momento trabajas con un grupo al que has ido cogiendo bastante cariño. Y luego está Aria. Es… bueno, digamos que hasta el momento no habías sentido eso por nadie. Por desgracia no parece hacerte demasiado caso, pero supongo que eso no viene ahora muy a cuento…

Hace un tiempo surgió una misión en tu tierra natal. Se dijo que habían visto a un dragón, así que te ofreciste voluntario para ella. Sólo eran bandidos, que habían atacado una aldea. Uno de ellos enloqueció, hasta que su espada lo mató. La misma espada que ahora llevas. Un arma forjada en una sola pieza, en acero negro, con dos cordeles rojos. Cuando la tenía el bandido era más grande, y tenía runas por el filo. Ademas, también tenía cadenas, que se clabavan en su cuerpo. Tras el combate, viste una figura en las montañas. Era alguien, montado encima de un dragón. Más pequeño que los que viste en el pasado, pero la silueta era inconfundible. Alzó el vuelo, y el hombre te recordó a alguien. No podía ser. Debería haber muerto en el ataque a tu pueblo. ¿Ryggart?

Casi dos meses mas tarde, recibiste una carta. Te indicaba que pasaría el otoño en una posada llamada “El Sigilo Carmesí”, en Kushistán. Quería hablar " sobre el pasado, y el granero del viejo Bill". Aún no has decidido que hacer…

Galbart

Anima: Las cadenas del destino Makkiel